La crisis de la protesta y la manifestación

Granada por la Dignidad

 

-La protesta en la calle, en forma de Manifestación o de su hermana pobre la Concentración (que se hace cuando no se tiene claro que vaya a haber suficiente gente para manifestarse), es algo relativamente reciente. Antes de que las poblaciones occidentales fueran civilizadas, o domesticadas, como se prefiera, por el espíritu ilustrado, progresista y universalista kantiano que enarboló en el siglo XIX la dirigencia burguesa de los nuevos estados-nación, la gente no protestaba pacíficamente en las calles. Cuando alguna cosa que venía del poder contravenía sus intereses, siempre que le era posible, se amotinaba.

 

-El antecedente inmediato de la manifestación es una columna de campesinos que marcha desde su aldea hacia la casa del señor o hacia el cuartel de la guarnición, provista de antorchas, blandiendo hoces y horcas y dispuesta a quemar y pasar a cuchillo a quien les ha agraviado. Un ejemplo tardío y buen botón de muestra de que fue todo un proceso el pasar del motín a la manifestación pacífica lo tenemos en la Revolución del Petróleo de Alcoi, sucedida en 1873. Obreros recién proletarizados y ya no campesinos, molestos por la represión violenta de la huelga que mantenían en pro de la mejora de sus condiciones de trabajo, queman varias fábricas de la ciudad y el mismo ayuntamiento matando al alcalde y a todos los efectivos policiales. –

Hoy, en cambio, la manifestación dista mucho de ser ese acto de fuerza, de amenaza de pasar de las palabras a los hechos, y en su lugar se ha convertido en un ejercicio que se ubica fundamentalmente en planos simbólicos. Su mecánica es la de tratar de crear una presión de opinión pública en torno al poder que le erosione o deslegitime si no concede la reivindicación puesta sobre la mesa. Que incluso pueda llegar a descabalgarlo, normalmente en forma de dimisión ante la presión popular o de derrota en unos futuros comicios.

“Hoy, en la sociedad del Reino de España, el ejercicio del derecho constitucional a la manifestación y la protesta pública pierde a ojos vista capacidad de lograr sus objetivos y el acto de salir a la calle con una bandera o pancarta se convierte cada vez más en un gesto simbólico y auto-referencial sin capacidad de presionar de forma real al poder.”

-Por otra parte el poder es menos susceptible de ser influido por la presión social. Entre otras cosas porque con los años ha ido evolucionando y se ha ido haciendo más difuso. Hoy día es difícil saber hacia quien dirigir una reclamación política que desea realmente obtener algo. La gobernación se bifurca en entes estatales, autonómicos y locales. Sin tener en cuenta los supranacionales (la Unión Europea, por ejemplo). –

Y hablamos de la gobernación política, porque la de verdad que es la económica sigue en su discreta segunda línea, pagando a sus testaferros de los partidos políticos con sobornos, regalías y jubilaciones de lujo. Caso de poner en apreturas a un partido en el poder, el sistema se guarda en la manga el as del cambio de gobierno. 

-El sistema partitocrático asegura la conveniente sucesión en el trono del poder de personajes que realizarán el mismo trabajo bajo distinta cobertura corporativa dando satisfacción así a la supuesta indignación popular, la cual desaparecerá con el cambio y la nueva venta de ilusión entre el electorado.

-La eclosión del partido “Podemos” es un ejemplo de manual de esta estrategia. Como resultas de todo ello el poder está más que preparado para resistir los embates de manifestaciones de cientos de miles e incluso de millones de personas.

-Por si fuera poco, el poder ha creado entre él mismo y las personas manifestantes una maraña de obstáculos. Como si fueran las trincheras, campos minados y alambradas de la primera guerra mundial, los manifestantes contra el poder tienen ante sí una infinidad de luchas de desgaste contra policías, ilegalidades de estos mismos policías, legislaciones, multas, procesos judiciales etc. Una suerte de carrera de obstáculos que deben de vencer antes de llegar a poder interpelar cara a cara a la propia autoridad.

-Otras formas de acción política como la Desobediencia Civil o la Acción Directa No-violenta, que se ejerce por ejemplo como forma de impedir desahucios, siguen proporcionando todavía algunas cuotas de éxito puntuales, si bien su futuro es también preocupante teniendo en cuenta la evolución de la sociedad hacia formas terriblemente individualistas de relacionarse y hacia una delegación máxima de funciones en los partidos políticos y los poderes estatales.

Artículo de Vicent Teulera

Articulo completo.-http://www.grupotortuga.com/La-crisis-de-la-protesta-y-la

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